Trabajamos en familia y a pequeña escala fomentando el revelado natural de las uvas, sin intervenciones ni aditivos. Respetamos las levaduras nativas y tiempos de guarda apuntando a una interpretación pura y cristalina. Cada etiqueta la pintamos y escribimos a mano, garantía de nuestra labor 100% artesanal.
Todos nuestros vinos son “parcelares” o “single vineyard” pues provienen exclusivamente de un cuartel específico de uva, sin mezclas con fruta de otros lugares — la idea es perseguir la pureza de cada varietal. La fruta se cosecha a mano y la fermentación es espontánea, nativa. No existe ningún tipo de adición e intentamos intervenir lo menos posible para que la uva exprese su origen y carácter, viñedo, suelo y clima sin distorsiones ni ruido.
“Empezamos el 2010 con 600 kilos de uva y hoy son 12.000 botellas que vendemos al año. No pretendemos crecer mucho más, pues se trata de un proyecto de vida donde solo participamos mi mujer y yo, junto a nuestras hijas que nos ayudan dentro de sus posibilidades.”
Nos gusta ser pequeños artesanos y preocuparnos de todos los detalles: somos independientes, autónomos y libres. Los vinos se guardan en barriles de segunda mano o cubas de cemento sin epoxicar. No se clarifica, se deja al tiempo hacer lentamente la operación de sedimentar la turbidez. No se filtra para resguardar las propiedades y componentes naturales, llegando así los vinos enteros a la botella. Vivos, únicos y felices.
Estamos comprometidos con el entorno en cada acción, mirando siempre la manera de provocar el menor impacto posible. Casi no utilizamos maquinaria pues la mayor parte de la labor es manual — no hay más motor que nuestro corazón. En lugar de megawatts, para nosotros la consigna es negawatts.
Vendemos principalmente en restaurantes y tiendas especializadas de la V Región, y también atendemos clientes de manera directa en otras provincias así como en Santiago. Exportamos cerca del 40% del vino a Brasil, Inglaterra, Dinamarca, Canadá, Francia y Austria.